
Toda empresa de logística que cuente con un servicio de transporte aéreo internacional de mercancías está viviendo un momento de incertidumbre en cuanto a logística aérea internacional. Este período de incertidumbre se debe a la guerra comercial que ha desatado Donald Trump desde su nombramiento como presidente de los Estados Unidos.
Según los análisis IATA (Asociación Internacional de Transporte Aéreo), organización comercial global que agrupa a todas las aerolíneas del mundo y que representa alrededor del 85% del tráfico aéreo; los aranceles y las tensiones comerciales están reduciendo los servicios tanto de carga como de pasajeros, afectando a la economía mundial y, por ende, al tráfico aéreo.
El análisis IATA refleja un recorte en las previsiones de beneficios para el sector aéreo, lo que ha desencadenado una incertidumbre por parte de ésta que prevé que las cifras de este año y el siguiente deban ajustarse a la baja. Tanto el tráfico aéreo como la producción de aviones están gravemente colapsados, aumentando los tiempos de entrega de mercancía y generando largas esperas en la producción de nuevos aviones.
Entre los principales riesgos para el transporte aéreo internacional de mercancías y por consiguiente para la logística aérea internacional, se encuentran, el aumento del costo de los componentes necesarios para fabricaciones de nuevas aeronaves, la imposición de nuevos impuestos, la necesidad de nuevas cadenas de suministro, las tasas arancelarias, las fluctuaciones en los tipos de cambios y la reducción de puntos en el PIB mundial.
Principalmente, las tensiones comerciales derivadas de los aranceles impuestos a las importaciones provenientes de China, Canadá y México, son las que han generado una reducción en el volumen de mercancías transportadas.
Por supuesto, todo esto viene acompañado de una situación de pérdida de confianza dentro del propio mercado, así como del desencadenamiento de múltiples dificultades para la planificación operativa de las aerolíneas.
Las rutas más dañadas son las transpacíficas y las transatlánticas, en contraposición con las asiáticas, que se han visto impulsadas por el propio comercio intra-asiático y la búsqueda activa de alternativas.




